Tiempo sagrado

Video instalación en dos canales. 9.30 min.

En Tiempo Sagrado, Méndez de Hoyos re-imagina el fusilamiento de Maximiliano, enfocando preguntas sobre las formas del delirio del poder y la producción de soberanía en México. La muerte del emperador, momento clave de la historia de nuestro país, ha sido motivo de especulación, ya que el fusilamiento fue alejado de la conciencia pública, siendo considerado un evento incómodo no conmemorable; a pesar de la existencia de pinturas, crónicas y documentos fotográficos, éstos no operan en la memoria compartida como testimonios verídicos e inequívocos. La pieza trabaja sobre el cuerpo desaparecido del poder como forma alegórica donde se hacen “visibles” las estructuras que sostienen nuestro propio delirio social. Méndez de Hoyos utiliza la fascinación de la imagen cinematográfica para reinscribir el imaginario de un fusilamiento en los paisajes contemporáneos en el margen entre lo urbano y rural. El sueño que la imagen sueña es sobre la mitología de este fusilamiento, sobre las formas fallidas de la modernidad y los lazos que se guardan con lo que siempre está clausurado a la conciencia nacional: ¿quién es el sujeto oculto del poder?

Tanto la exhaustiva investigación que Méndez de Hoyos realizó para la concepción de esta obra, así como su sentido crítico para distanciar su “representación” del episodio histórico de un sentido equívoco de verosimilitud, se relacionan con una vertiente inaugurada en Francia en el siglo XIX – en literatura, por autores como Stendhal o Flaubert, en pintura por Géricault, Courbet y Manet – que busca alejarse simultáneamente del sentimentalismo melodramático y de la literalidad didáctica positivista, tratando de actualizar los sistemas de representación, incluso los aparentemente anacrónicos recursos de la retórica y la alegoría. Esta actualización encara un problema: el de la vigencia del arte como actitud posible y significativa (no necesariamente paródica o irónica) para interpretar lo pasado, lo reciente y lo mítico ante el nuevo protagonismo de formas – llamémosles prosaicas o mediático/masivas – de imaginación, representación y discurso.

En general, este problema resultó refractario a los manifiestos tanto académicos como de las vanguardias, abriéndose brecha hasta nosotros con figuras como Jean Cocteau, y resulta relevante para Méndez de Hoyos, artista para el que las imágenes fotográfica y cinematográfica son más que herramientas, constituyéndose en legados ambivalentes. Manet, pintor con simpatías en la vanguardia impresionista, al tiempo que singular por su interés por retomar los géneros histórico y mitológico, realizó un par de muy reflexionadas obras sobre el fusilamiento de Maximiliano, poco después del acontecimiento; ciertos aspectos de la obra de Manet son “citados” en la pieza de Méndez de Hoyos que, como el francés, edita, abstrae y sintetiza, a la manera del ensayo que interpreta los sentidos presentes de un hecho. En esta operación de juego de espectros, desaparecen Miramón y Mejía, al tiempo que aparece Carlota. Es inevitable conceder a Maximiliano ciertos paralelismos con la Pasión: la hora de luz singular, el emplazamiento elevado suburbano y tres cruces tras el ajusticiamiento. El actual Cerro de las Campanas resultaría una locación tan ficticia como cualquier otra; en su lugar, se elige otro margen urbano: la ciudad se contempla desde un contexto de urbanización perpetuamente en proceso, de culminación continuamente aplazada; en este escenario de varillas y muros desnudos, alejado ya de la “inocencia” rural y del pintoresquismo – pero igualmente distante de la homogeneidad cosmopolita – no sólo se evoca el paredón, sino también las terrazas del Castillo de Chapultepec: la ilusión aristocrática que contempla sin distinguir, sin reconocer, un mundo ajeno. Se baila el vals, la última danza plebeya admitida en las cortes, reconocimiento nobiliario del acoplamiento burgués, de la pareja enlazada en su propio mundo; esta postrera concesión nobiliaria a la moda del vals definirá la evocación sentimental del pasado cortesano: en los cuentos, nadie puede separar el baile extemporáneo entre el príncipe y la princesa legítimos. Fúnebre en sus tonalidades y contexto, esta escena imaginada por Méndez de Hoyos sugiere otra “cita” visual: La danza de la vida (1899), de Edvard Munch.

Jorge Reynoso Pohlenz

"El fusilamiento de Maximiliano", 2010. C-Print (Lamda), 120 x 90 cms. Edición de 3.

"Carlota con cofre", 2010. C-Print (Lamda), 120 x 90 cms. Edición de 3.

"Brazos abiertos", 2010. C-Print (Lamda), 120 x 90 cms. Edición de 3.

"Vals", 2010. C-Print (Lamda), 120 x 90 cms. Edición de 3.